sábado, 15 de octubre de 2016

Estar en casa

sol y luna

La luz y brillo de las estrellas la iluminaban aún más que su propio resplandor, nacía gloriosa, majestuosa, entera, ruborizada, acariciada al mismo tiempo por los últimos momentos de su amado que cansado iba pronto, ya a descansar. Pocos eran los instantes que compartían, a veces no lograban alcanzarse, a veces la tormenta llegaba y no podían ni siquiera verse de lejos, esas veces que eran las menos, la pasaban tristes, se añoraban y echaban mucho de menos, pero sólo se permitían un poco de tristeza porque enseguida vislumbraban un pronto reencuentro y la sonrisa y la felicidad renacía en sus miradas.
Ella, la Luna, soñaba en el día en que se unían por completo, pasaba muy pocas veces, pero el instante era tan mágico que le ayudaba a esperar el próximo encuentro, a veces la desesperaba la espera, esperar que llegara la mañana, esperar que el clima fuera idóneo, esperar, esperar, a veces se molestaba de todo, a veces se entristecía de más, a veces pensaba que él no deseaba verla y estar juntos, tanto como ella lo deseaba, a veces se sentía desilusionada, sin fuerza y sólo seguía esperando. Esperando y amando.

Él, el Sol, despertaba muy temprano cada día tan sólo para poder tener unos minutos y estar con ella, a veces luchaba contra la tormenta para abrirse paso entre la oscuridad y lograr tocarla antes que ella se apagara. Le hacía feliz poder hacerle sentir sus cálidas caricias a lo lejos, sabía que sonreía cada vez que él lo podía hacer, sabía que esperaba por él cada mañana, sabía lo importante que era para ella sentir su amor, y él disfrutaba verla sonreír, tanto que a veces despertaba un poco más temprano tan sólo para poder estar más tiempo juntos. Verla iluminarse, verla reír, era todo lo que él deseaba.
Él también soñaba con esos instantes en que se podía unir totalmente, los humanos le llamaban: eclipses, y para ellos, era: estar en casa, momentos que se hacían infinitos, únicos, totales, donde tenían un inicio predeterminado, pero donde el final, sólo ellos lo marcaban, sólo ellos tenían el poder de saber cuándo acababa, esa unión era donde retomaban fuerza para luchar contra adversidades, era donde se llenaban de la paciencia que necesitarían después, cuando se separaban, era donde se llenaban uno del otro para así poder percibirse a lo lejos, para poder recordarse, para poder reconocerse en el tiempo y el espacio, era donde fortalecían el amor que sentían, y que lograba que la espera doliera menos.

Así es el amor entre ellos, grande, especial, mágico, único, infinito. Y un día el eclipse durara para siempre, el estar en casa será eterno, y los días no volverán a ser totalmente, días y las noches, no volverán a ser completamente, noches.

2 comentarios:

  1. Muy lindo!
    Hay lugares con noche polar donde reina el sol de medianoche y la Luna y el Sol se encuentran durante meses y meses, tantos que es como si viviesen juntos. Para siempre.

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