Mira sus rostros, llenos del tiempo, de los mares, de la tierra, de surcos, de vida y de muerte, lleno de impotencia, de desilusión, de frustración, de tristeza, de abandono, de soledad, desprotegidos de su sangre, de quienes deberían defenderlos, nadie los mira, nadie se detiene a ver qué les pasa, qué necesitan, nadie se detiene para poder saber el por qué de sus rostros sin esperanza, sin ilusiones, sin futuro. Son los que no tienen voz, son los que nadie escucha, los abandonados, los invisibles, los incómodos.
Caminan delante de ellos más a prisa para intentar desaparecerlos, para intentar sentir que no los vieron, que no había nadie a su paso, ¿por qué?, ¿para qué? Para dejar de sentir compasión, para hacerla a un lado, para sentir que no hicieron nada malo, o más bien, que no pecaron de omisión. Cae la noche y corren a sus casas, a llenar el estomago, a beber hasta saciarse, a acurrucarse en un sofá, a sentarse a ingerir imágenes en una caja que los hace olvidar todo lo que dejaron al cerrar la puerta; Las injusticias, el hambre, la necesidad, la pobreza, la desigualdad, para olvidar a los que dormirán en la banqueta, a los que nada llevaran a su boca, a los que sufrirán de abusos, a los desamparados, los abandonados, los que sufren, los que nunca sonríen.
Algunos encerrados entre cuatro paredes, sin saber lo que pasa afuera de su mundo, sin la esperanza de vivir la libertad, de caminar sin miedo, sin temor, sin fuerza para luchar contra su adversidad, entregados a sus verdugos, esperando el momento, sólo esperando, sabiéndose sin derechos, sin valor alguno, siendo sólo una estadistica, un objeto, una cosa, a la merced de gente sin sentimientos, desalmada, que disfruta del sufrimiento que reflejan los demás, imponiendo el miedo, la violencia, la humillación y desesperanza.
Otros, viviendo entre escombros, con sus rostros llenos de polvo, sin vida en la mirada, escapando de zumbidos y ruidos que matan, que mutilan, buscando salir a toda costa de ese lugar, sin importar a lo que se enfrentaran en el camino, buscando escapar de maquinas de guerra y destrucción, viendo como desaparecen sus ciudades, sus casas, sus pocas pertenencias, caminando sin rumbo, casi desnudos, buscando paz, sin imaginar que podrán encontrar la muerte en el agua, en el desierto, asesinados, los menos, llegando a un lugar donde no los quieren, donde los consideran una carga que no desean, donde los consideran despojos humanos, donde son abusados, vejados, maltratados, a la espera infinita de una ayuda humanitaria que nunca llega.
Están aquellos más que pasan sus días en los castillos pintados de blanco, el ropaje sin color, con infinidad de instrumentos que parecen haber sido usados para torturar, para infringir sufrimiento, donde son tratados como prisioneros de un campo de exterminación, sin ser llamados por su nombre, sino por medio de números, donde son parte de la decoración de esos edificios, meras cosas inanimadas, sin respeto por su persona, por su dignidad, por su vida, donde su partida final les causa, sino una secreta alegría, si al menos les provoca en sus labios un "por fin se fue, ya dejó de causar molestia".
Hay varios que viven como algunas aves, entre rejas que cortan las alas, entre luces que ciegan y paredes que esconden los más terribles padecimientos, algunos de ellos con el único pecado de haber estado en el lugar y momento equivocado, pero sin la ilusión real de encontrar la salida a ese laberinto de mil puertas y ventanas, despojados del incomparable tesoro que es la libertad, sin poder disfrutar de la belleza que es hacer lo que se desee, en el momento en que se desea, perdiendo la esperanza de poder volar fuera de esas paredes, sin la esperanza de poder sentir la brisa del viento, la lluvia en su rostro, esperando una fecha que a veces parece no llegar nunca.
Unos más viviendo una soledad agobiante, desmotivadora, sin aliciente para ser feliz, para desear vivir, donde no hay la más mínima compañía, esperando y deseando un abrazo, un "todo estará bien", un beso cálido, un "te quiero", deseando dormir junto a alguien que los ame, que les brinde calor, amor, pasión, con tanto amor dentro de ellos para darlo a los demás, pero que nadie les brinda la oportunidad de mostrarlo, de recibirlo, de compartirlo, pensando en qué malo pueden tener para que nadie ponga su mirada en ellos, haciéndose cada día más pequeños, cada día menos visibles, muriendo cada día un poco, sonriendo cada día menos hasta el momento en que olvidaran como hacerlo.
Están también los que tienen dentro y fuera todos los años de la vida, quienes en sus rostros se dibujan los surcos del tiempo y el espacio, los que caminan lento, los que preguntan las cosas dos veces, los que platican las mismas historias, una y otra vez, los que "aburren", los que "fastidian", los que incomodan, los apartados, los abandonados en otros "hogares", los que visitan sólo en su cumpleaños y en Navidad, los llenos de una sabiduría que nadie desea absorber, los que mueren solos y olvidados, los que dieron todo y no reciben nada.
Tantos corazones que en este momento están sintiendo una tristeza asfixiante y dolorosa, donde las lágrimas nacen sin poder detenerlas, donde toda esperanza ha desaparecido, donde sienten que merecen su destino, donde sólo esperan el momento de partir, donde han dejado de luchar, donde morirá el Sol antes de que llegue la noche. Mientras tanto, los demás, volviéndonos cada día más ciegos, más sordos, más apáticos, más insensibles y más cobardes ante los gritos silenciados, ante el sufrimiento ajeno, ante la desigualdad, ante el dolor, ante el hambre, ante la soledad, ante el atropello, ante el abuso, ante la brutalidad.
¿Cuándo seremos mejores seres humanos? ¿Cuándo dejara de existir la indiferencia, la injusticia, la maldad, el egoísmo, la falta de empatía, el desamor?
¿Cuándo?
Bello y comprometido. Enhorabuena!
ResponderEliminarGracias por tus palabras, cielo. Son muy importantes para mí porque son del hombre que amo y del maravilloso escritor y ser humano que eres...
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