sábado, 9 de junio de 2018

Figuras en la arena


 Ella soñaba con esa isla perdida
en ese gran océano 
que los dividía,
que los separaba.
Imaginaba momentos,
junto a él,
sentados en la arena,
siendo tocados por el agua salada,
tomados de la mano,
susurrando deseos,
brotando el erotismo,
provocando una caricia
dibujada en la piel,
en su lienzo desnudo,
combinando mareas.
Y esas ramas infinitas
deslizándose por sus cimientos,
por sus pilares, sus columnas,
hechos de barro y caracoles.
Incitando y logrando
que escape una suave aria 
desde sus labios, 
desde sus entrañas,
sabiéndose allanada y reclamada.
La marea crece 
aún más, mucho más,
el Sol sigue apagándose 
en el horizonte,
ellos no se detienen
ni en ese momento,
trazan surcos diminutos
sobre ese húmedo suelo,
y respiran ese viento marino
que los alimenta, que los nutre,
entonces se abrazan, se funden,
arden al unísono.
El agua los termina arropando
y en su lienzo 
se dibuja la blanca espuma,
florecen los corales,
las estrellas marinas 
crecen en sus manos,  
sus cuerpos 
se cubren de flores,
de algas, de caracolas,
los baña la luz,
y el calor
logra abrir la semilla
que dará la vida,
y nace un hermoso arrecife,
lleno de colores,
de existencia infinita.
Y cuenta la gente de ese lugar,
que cuando baja la marea
el arrecife se desnuda,
los muestra, los expone
y solo en ese momento
podrás verlos,
podrás ver sus figuras
ahí, sobre la arena,
abrazados, fundidos, 
bañados de mar.

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