
Ella soñaba con esa isla perdida
en ese gran océano
que los dividía,
que los separaba.
Imaginaba momentos,
junto a él,
sentados en la arena,
siendo tocados por el agua salada,
tomados de la mano,
susurrando deseos,
brotando el erotismo,
provocando una caricia
dibujada en la piel,
en su lienzo desnudo,
combinando mareas.
Y esas ramas infinitas
deslizándose por sus cimientos,
por sus pilares, sus columnas,
hechos de barro y caracoles.
Incitando y logrando
que escape una suave aria
desde sus labios,
desde sus entrañas,
sabiéndose allanada y reclamada.
La marea crece
aún más, mucho más,
el Sol sigue apagándose
en el horizonte,
ellos no se detienen
ni en ese momento,
trazan surcos diminutos
sobre ese húmedo suelo,
y respiran ese viento marino
que los alimenta, que los nutre,
entonces se abrazan, se funden,
arden al unísono.
El agua los termina arropando
y en su lienzo
se dibuja la blanca espuma,
florecen los corales,
las estrellas marinas
crecen en sus manos,
sus cuerpos
se cubren de flores,
de algas, de caracolas,
los baña la luz,
y el calor
logra abrir la semilla
que dará la vida,
y nace un hermoso arrecife,
lleno de colores,
de existencia infinita.
Y cuenta la gente de ese lugar,
que cuando baja la marea
el arrecife se desnuda,
los muestra, los expone
y solo en ese momento
podrás verlos,
podrás ver sus figuras
ahí, sobre la arena,
abrazados, fundidos,
bañados de mar.
Muy bello!
ResponderEliminarGracias, mi amor. Eres mi inspiración
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