Y nace la luna llena, brota desde el nacimiento del mar, nocturna,
brillante, llena de vida, de misterio y sensualidad, logrando con su
extraño magnetismo, que ella no duerma. Y ella no duerme, porque desea a su
lado a su dueño, al dueño de su piel, de su corazón y de su alma, lo
espera, lo añora y lo sueña, altiva, orgullosa, vehemente, ansiosa y
amante.
Se mueve sobre su cama, su piel quema, su río de placer corre entre sus piernas como lava ardiente, y mira la luna, la observa
extasiada y de pronto lo descubre en ella a él, a su amado, sonríe, lo
llega a tocar, lo llega a sentir, lo huele, lo saborea, lo alcanza, lo
seduce y lo llama.
En un instante se deja llevar por su deseo
infinito, se siente, se toca, sacia su sed en su propio lago, sin dejar
de mirarlo por medio de la Luna, aprieta sus piernas, se atrapa, se
estremece, vibra, y por un momento, uno muy leve, cierra los ojos y lo
siente a su lado, siente su boca, la humedad de su lengua y abre su
labios, y sin poder reprimirlo, brota un tímido gemido, y abre sus
puertas, y le deja el camino libre, es más, le suplica que pase, que tome
para él lo que desee, que la haga disfrutar, que la provoque y produzca magia en
ella, que la haga salir de su propio cuerpo, la convierta por esos instantes
en otra, la libere y la haga libre, sin medida, sin prejuicios ni
limites.
Lo llama por su nombre, no el que todos conocen, sino su
verdadero nombre, el que sólo ella y él saben, el real y verdadero, el que
sólo se nombra en el éxtasis, en sus encuentros más íntimos y salvajes.
Se toman por completo, se disfrutan mutuamente, se gozan centímetro a centímetro, se prueban, y tomados de la mano, estallan en un placer delirante, juntos, unidos, y así desfallecen, uno encima del otro, recuperando la respiración. Ella, sonriéndole dulcemente, besándolo suavemente, diciéndole con la mirada que lo ama, que es el amor de su vida, que lo ansía, que lo espera y que hasta que logren estar juntos, seguirá soñando con su presencia, cada noche al mirar el cielo, seguira soñando con su mirada, con su sonrisa, con su piel, con su calor y su amor.
Se toman por completo, se disfrutan mutuamente, se gozan centímetro a centímetro, se prueban, y tomados de la mano, estallan en un placer delirante, juntos, unidos, y así desfallecen, uno encima del otro, recuperando la respiración. Ella, sonriéndole dulcemente, besándolo suavemente, diciéndole con la mirada que lo ama, que es el amor de su vida, que lo ansía, que lo espera y que hasta que logren estar juntos, seguirá soñando con su presencia, cada noche al mirar el cielo, seguira soñando con su mirada, con su sonrisa, con su piel, con su calor y su amor.

Pintura "Mujer y Luna" de Osvaldo Caccaviello
mmmmmm precioso y seductor texto.
ResponderEliminarGracias, mi amor, me alegra mucho que te haya gustado... ♥
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