jueves, 19 de mayo de 2016

Lo que hace diferente un día

sol naciente

Cada mañana es diferente, nunca un día se repite, cada despertar produce nuevos sueños, nuevas ilusiones. Las sonrisas se dibujan o desdibujan, la calidez del sol te alimenta y alienta a sonreír. Un nuevo día, lleno de esperanza.
Mirar a través de la ventana y sentir el viento en tu rostro, sentir el olor a tierra mojada, un poco de brisa en tus labios y una sensación de plenitud en tu alma.
El corazón se traslada a diferentes lugares, saludas en la distancia a tus seres queridos, los abrazas y acaricias su esencia, los bendices y besas, los acompañas y te acompañan todo el tiempo. 
¿Qué será lo que hace diferente un día? Será la actitud que ponemos ante la vida, la positividad y ánimos de hacer las cosas bien y disfrutar los momentos regalados, sí, creo que eso marca la diferencia.
A veces un contratiempo, algo que no sucede como deseamos, y se dispara el cambio de ánimo, y empezamos la mañana con una actitud negativa, nada nos parece bien, nada nos produce alegría, dejamos de sonreír y perdemos instantes con los demás, dejamos de percibir los detalles de amor diario, ya no miras un arco iris con el asombro de un niño, ni un bello atardecer te maravilla, ni las cálidas aguas de la laguna, ni su camino de estrellas te hacen escribir poesía, ni el canto del avecilla matutina te hace cerrar los ojos y suspirar ante la belleza de su melodía, nada te parece hermoso, nada.
Y otros días todo es diferente, todo sale como deseabas, te sientes el centro del universo, con el amor rodeándote por completo, sonríes por todo y por nada, buscas lo bello de tu entorno, lo encuentras en cada lugar y persona, todo te hace feliz, nada te perturba, te sientes amada, te das cuenta que está lloviendo, disfrutas lo que amas, sentir el agua en tu rostro, percibir los sonidos que se te regalan, la sinfonía del ave aparece, logras sentirla en tu alma, acompañas la danza de las olas, y entras en ellas y juegas como niña, construyes castillos de arena, imaginando historias infinitas, percibe el canto del mar, te dejas seducir por su ritmo, escuchas sus maravillosas historias, todas hechas de espuma y agua.
Es esencial el darnos el absoluto poder sobre nuestra felicidad o tristeza, porque somos los dadores de nuestro ser, somos los que alimentamos nuestros propios ángeles o demonios, los que hacemos grandes a unos u otros, tenemos la decisión total de cómo será nuestro día, tenemos en nuestras manos la alegría de vivir y gozar todo lo que se nos presentara, o de dejarlo pasar y desperdiciarlo. Los demás, sólo nos acompañan con sus propias alegrías o tristezas o temores, y a veces nos nutrimos de ellos o ellos de nosotros, es un acompañamiento que nos ayuda y hace más ligera la carga natural de las adversidades, pero sólo nosotros podemos completar el crucigrama, sólo nosotros tenemos la contraseña, sólo nosotros podemos destruir al dragón de fuego que se alimenta de los miedos, la inseguridad, la tristeza y el enojo, sólo nosotros, y sólo nosotros podemos decidir si el día será lleno de luz, de felicidad, de canto y de poesía.

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