La vida nos va presentando diferentes caminos por donde transitar, senderos hechos de tierra, veredas llenas de piedras, carreteras de arena suave, sendas llenas de hoyos o charcos de lodo, en fin, múltiples formas de llegar a un destino.
Todos los caminos nos regalan paisajes hermosos y luz brillante, pero también nos dan oscuridad y sombras, y la balanza al final se inclinará hacía la felicidad o la infelicidad.
A veces al ir caminando, nos llama la atención alguna vía alterna, ya sea por su colorido, su música, sus letreros llamativos, y vamos a su encuentro.
Hay vías formadas de mar y sal, de espuma y olas, nos seduce su ritmo, su melodía, nos alegra su sol, su arena, la sensación en la piel, la calidez de sus aguas, la fuerza y el ímpetu de su llegada a la playa, nos recostamos frente al océano, o nos sumergimos en él, nos hace sentir vivos, embriagados de los rayos ardientes del faro inextinguible, disfrutamos del bullicio y de la euforia, pero llega la noche y todo cambia, la brisa fría nos paraliza, la penumbra nos hace sentir solos, vacíos, los sonidos que en el día nos producían felicidad, ahora nos producen miedo y temor, y sólo deseamos que amanezca para poder salir de esa excitante, pero desdibujado sendero y volver a donde estábamos antes de entrar en él.
Hay rutas formadas de tranquilas lagunas, de cánticos de bellas aves, de árboles que dan una sombra refrescante y eterna, de música en infinitos movimientos largos, con paisajes pintados al oleo, llenos de arco iris, atardeceres, lluvia de estrellas, auroras boreales, cielos azules con grandes nubes blancas, tan mágicas que nos invitan a echarnos sobre la hierba, cerrar los ojos y empezar a soñar, y así, día a día vivir el mismo escenario y vivir las mismas sensaciones, nada nos perturbara, ni cambiara, nada, pero a base de disfrutar por la eternidad del mismo tema musical, terminamos por añorar un poco al mar azul y su salvaje forma de hacernos sentir, así que un día, decidimos volver al punto inicial y esperar a vislumbrar alguna nueva travesía por donde avanzar.
Toda la existencia se entra una y otra vez en algunos de estos dos caminos, pero algunas ocasiones, algunas muy especiales y únicas, se nos abre una puerta inmensa, salida de la nada, hecha de la madera más fina y fuerte, y sin pensarlo, entramos sin titubear, porque es un regalo que sólo una vez se nos dará, sólo tendremos una oportunidad de vivirlo y gozarlo. El lugar a donde nos lleva esa puerta, es un lugar formado de un mar tan azul que resplandece, de un lago tan hermoso y tranquilo que no se le ve el fin, de un río de cálidas y vigorosas aguas, de arboles frutales y frondosos, que nos proporcionan un resguardo del sol más brillante y lleno de fuego, con las más majestuosas aves llenas de sinfónicas melodías con movimientos largos y maravillosos allegros, con algunas lluvias que nos endulzan la piel y el alma, y al llegar la noche, nos brinda la más perfecta luna llena, con un cielo lleno de estrellas que iluminan las penumbras, con sonidos que arrullan corazones, con faroles donde te reflejas y que logran observar tu propia sonrisa y felicidad. Entonces, sólo entonces no desearas salir de ese bellísimo lugar, sabrás que es tu hogar, el lugar donde quieres vivir para siempre, el lugar donde sembrar la semilla de amor y alimentarte de sus frutos, el lugar que habías percibido sólo en tus más exquisitos sueños. Tu lugar, tu espacio, tu refugio.
Si un día logras ver a lo lejos esa puerta, corre hacía ella, no lo dudes, no mires lo que dejas atrás, sólo alégrate por poder entrar en ella, por poder vivir y permanecer por siempre en su interior, por poder disfrutar de sus paisajes y su color, de su música y sus letras. Sólo ahí serás completamente feliz, sólo ahí vivirás el verdadero amor, y serás totalmente libre, sólo ahí...
Bello!
ResponderEliminarMuchas gracias, mi cielo... ♥
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