viernes, 20 de mayo de 2016

Manuel

Él está hecho de naturaleza viviente, es un ciprés Moctezuma, con un tronco infinito, con una copa inmensa que regala sombra al que está cansado de tanto sol, con una raíz tan gigantesca y profunda, tan sólida, que ninguna tempestad podría siquiera moverlo de su lugar.
Él tiene una mirada que traspasa el alma, la desnuda, la acaricia, con una mirada que se adentra en los corazones y logra tocarlos, a veces con la ternura y dulzura de un niño, a veces con el fuego y calor de la más pura lava, sus ojos son transparentes, abren la puerta a su interior, no pone cerraduras, con mirarlo se puede leer su más intima poesía, su verdad y su historia de vida.

Él tiene la fortaleza del mar azul, es un gran océano lleno de vida, de ímpetu, fuerza y belleza, logra refrescar con sus olas a cualquier playa a donde llega, las nutre, alimenta y calma la sed. Su vitalidad es maravillosa, logra superar cada obstáculo que se le presenta, y lo hace con gallardía, con orgullo y altivez, y siempre vence cada reto por más difícil que sea.
Él tiene un corazón hecho del más bello canto que ha podido existir en el planeta, tan lleno de amor, tan dulce, sensible y entregado, los que logran tocarlo, se extasían de escuchar tan hermosa melodía, intentando abrazarla, palparla, pero pocos logran tener ese privilegio, y qué decir de la mujer que vive dentro de él, no puede haber alguien más feliz y dichosa que ella, sintiendo a diario ese cariño sin límite, ni fin, alimentándose de su perfecta calidez y suavidad.

Él tiene un alma hecha de la tranquilidad y hermosura de un atardecer en las montañas, con tonalidades multicolores, tenues, dignos de la más perfecta pintura de la naturaleza, un alma llena de paciencia, de paz, que cuando te acercas, logra desvanecer los miedos y la desesperanza, convirtiéndolos en lagos donde los pajarillos desearían posarse a descansar.
Él tiene una alegría continua, sonriendo para sí y regalando y dibujando sonrisas en los otros, con la más interesante platica acerca de todo y nada, con la generosidad de darse entre letras, imágenes y notas musicales, con la inspiración del más romántico poeta y al mismo tiempo con la rigidez del más aguerrido activista y protector de la vida, constructor de sueños y de ideas.   

Él tiene una pasión sin cuadraturas, sin bordes, ni limites, con una imaginación maravillosa y llena de colores, la cual plasma en las diferentes escenas que dirige y en los diferentes cuadros y acuarelas que dibuja y pinta, una pasión tan grande que se desborda en los infinitos textos y diálogos que transmite en sus palabras, que incendia las paredes y telas de las habitaciones azules que construye para su amada, donde habita con ella, donde la ama y se deja amar.
Él tiene un equilibrio inmaculado, pocas veces sacudido, siendo la mayor parte conciliador y pacificador, siendo calma y calmante, donde se puede llegar y tomar una siesta reparadora, donde el perdón y la comprensión son la base y sostén, donde la empatía es tal, que siente lo que él otro necesita y no repara en darlo. Siempre viviendo el momento, disfrutándolo, viendo lo mejor en los demás, dejando pasar lo que no le produce felicidad, y aferrándose a todo lo que puede hacerlo mejor hombre y ser humano.

Él se llama: Manuel, el hombre que Dios puso en mi camino, mi compañero, mi esposo, mi cómplice, mi mejor amigo, mi amor y amante, mi ideal de hombre, el que me ama como nunca nadie lo hizo, el que dibuja mis sonrisas más eternas, el que logra que cante como la más maravillosa soprano, el que me comprende a cada momento, el que conoce mis más profundos secretos, el que me abraza cuando las raíces de la ortiga desean sembrarse en mi interior y el que logra arrancarlas y sembrar tulipanes en su lugar, el hombre que me protege de todo, de todos, y hasta de mí misma, el que me tiene tomada de su mano y no me suelta ni cuando la tormenta se planta por momentos, el que espera por mí, paciente, sabiendo que un día la distancia se acabará, porque los que están destinados a estar juntos, siempre terminan por estarlo.

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